Flacidez facial: cuándo tratarla y con qué
La flacidez facial no aparece de golpe. Nadie se levanta un día con la cara caída: se instala tan despacio que casi siempre la detectas antes en una foto de hace cinco años que en el espejo de esta mañana. Y para cuando la ves, llevas tiempo conviviendo con ella.
La flacidez facial no va de arrugas, va de sujeción. Lo que ha cambiado no es la superficie de la piel sino la estructura que la sostiene por debajo. Por eso se puede tener la piel razonablemente lisa y aun así verse mayor.
Te explico cómo saber en qué grado estás, qué corresponde a cada uno y dónde deja de servir la medicina estética.
Por qué aparece la flacidez facial
La cara no es una superficie plana, es un edificio de varios pisos.
Debajo de la piel hay compartimentos de grasa separados por tabiques, y esos tabiques van anclados al hueso mediante unos ligamentos de sujeción. Ese es el andamiaje real de tu cara.
Con el tiempo pasan tres cosas a la vez. Los ligamentos se distienden y dejan de tirar hacia arriba. Los compartimentos de grasa superiores se vacían mientras los inferiores se acumulan. Y el hueso se reabsorbe, sobre todo en el reborde orbitario y en la mandíbula, así que el andamiaje pierde puntos de anclaje.
El resultado es que la piel deja de tener sobre qué apoyarse. No es que sobre piel, es que falta soporte debajo. Y esa distinción cambia por completo el tratamiento que toca.
Aquí en Sevilla hay un factor añadido que pesa mucho: las horas de sol acumuladas. La radiación ultravioleta degrada directamente las fibras de elastina, y eso se traduce en pieles que a los cuarenta y cinco años tienen un grado de laxitud que en el norte se ve a los cincuenta y cinco.
Cómo saber en qué grado de flacidez facial estás
Hay dos pruebas que puedes hacerte ahora mismo.
La prueba de tumbarte:
Mírate de pie en el espejo y fíjate en el contorno de la mandíbula. Después túmbate boca arriba y hazte una foto desde arriba. Cuanta más diferencia veas entre las dos imágenes, más peso tiene la flacidez frente a otras causas.
La prueba del empuje:
Con los dedos, empuja la piel de la mejilla hacia arriba y hacia atrás, en dirección a la oreja. Fíjate en cuántos milímetros necesitas mover para que el óvalo se vea definido. Poco recorrido apunta a grado leve. Mucho tejido en movimiento significa que la cosa está avanzada.
Con esas dos referencias ya puedes situarte. La flacidez facial no es una escala continua, se ordena bastante bien en tres grados, y cada uno tiene un tratamiento distinto. Busca cuál describe mejor lo que acabas de ver en el espejo.
Grado 1, incipiente
El óvalo empieza a perder nitidez pero no hay papada ni pliegues marcados en reposo. Aparece entre los treinta y cinco y los cuarenta y cinco.
Es el momento en que casi nadie consulta, y es una pena, porque es cuando menos hace falta hacer.
Grado 2, moderada
El contorno mandibular ya no es una línea limpia, se insinúa el descolgamiento lateral, los surcos nasogenianos se marcan y aparecen las líneas de marioneta. Es el grado de flacidez facial más frecuente entre mis pacientes de Sevilla, y también el momento en que la mayoría pide cita.
Grado 3, avanzada
Hay exceso real de piel, el descolgamiento es evidente sin gesticular y el cuello está afectado. La piel ya no se recoloca sola por mucho que la empujes.
Si en la prueba del empuje has tenido que desplazar mucho tejido para ver un contorno definido, probablemente estés aquí. Y esa es la conversación más importante de todo el artículo, así que sigue leyendo hasta el final.
¿A qué edad hay que empezar a tratar la flacidez?
Esta pregunta me la hacen constantemente y la respuesta no es una edad, es un momento.
El punto de partida es cuando notas que tu cara se ve distinta en reposo, no cuando gesticulas. Si tu cara relajada te parece cansada o caída, ya hay pérdida de firmeza aunque no tengas ni una arruga.
Tratar en grado 1 no es adelantarse por vanidad. Es que estimular una piel que todavía responde bien da resultados muy superiores a intentarlo cuando la estructura ya ha cedido del todo. Mantener sale más barato y más natural que reconstruir.
Qué corresponde a cada grado de flacidez facial
Cada grado responde a un tipo de intervención distinta, y aplicar la de un grado a otro es tirar el presupuesto. Estimular una piel que ya ha cedido del todo no la va a levantar, y tensar una piel que todavía aguanta es adelantarse sin necesidad. El orden importa tanto como la técnica.
Te cuento qué toca en cada caso.
Grado leve: estimular
Cuando la estructura solo ha empezado a ceder, el objetivo es reactivar la producción propia de colágeno, no tensar nada. Los bioestimuladores como la hidroxiapatita de calcio funcionan bien aquí porque no rellenan huecos, inducen a la piel a fabricar su propio soporte durante meses.
Tienes el protocolo completo y las zonas en esta página.
Grado moderado: reposicionar y estimular
Estimular ya no basta cuando el tejido se ha desplazado. Hay que recolocarlo, y ese es el terreno de los hilos de sujeción, que levantan mecánicamente la zona y generan colágeno alrededor mientras se reabsorben.
Lo habitual en grado 2 es combinar los dos. Hilos para recolocar y bioestimulador para mejorar la calidad de la piel que queda encima. Uno solo se queda a medias.
Grado avanzado: cirugía
Voy a ser clara porque en internet se lee lo contrario continuamente. Con flacidez muy avanzada, ningún bioestimulador y ningún hilo va a hacer el trabajo de un lifting. Mejoran la textura y suavizan el conjunto, pero no eliminan piel sobrante porque no pueden. Para eso hay que quitarla.
Y decir cirugía no significa necesariamente un lifting completo. Entre la medicina estética y el quirófano grande hay un punto intermedio: el minilifting facial, que trabaja sobre todo el tercio inferior y la línea mandibular con una cicatriz mucho más discreta y una recuperación bastante más corta. Para muchas pacientes en grado 3 es la respuesta proporcionada a lo que tienen.
Prefiero decírtelo en la primera consulta a que te gastes el dinero en tres sesiones para acabar decepcionada.
Lo que no funciona contra la flacidez facial
Los aparatos de radiofrecuencia caseros:
La radiofrecuencia funciona calentando la dermis hasta una temperatura concreta, y es ese calor el que hace que las fibras de colágeno se contraigan y el cuerpo fabrique fibras nuevas. El problema de los aparatos domésticos es que no alcanzan esa temperatura en profundidad, así que calientan la superficie y poco más. La radiofrecuencia médica sí llega, y por eso la SEME insiste en que este tipo de tratamientos se hagan con equipos médicos y bajo supervisión.
Las mascarillas de efecto lifting inmediato:
Funcionan por tensión mecánica al secarse. Duran lo que tardas en lavarte la cara.
Las bandas y cintas de dormir:
Comprimen, no tensan. Y al no actuar sobre el tejido profundo, no cambian absolutamente nada de la estructura.
Perder mucho peso muy rápido:
La grasa profunda de la cara se va antes que la del cuerpo y la piel no tiene tiempo de adaptarse. Si estás en un proceso de pérdida de peso importante, valora la cara al final y no en mitad del camino.
Lo que valoro antes de proponerte nada
No hay tratamientos buenos ni malos, hay tratamientos que encajan con un grado concreto y otros que no.
Por eso lo primero que hago en la clínica de Sevilla con una paciente que viene por flacidez facial es separar tres cosas: cuánto hay de pérdida de soporte, cuánto de exceso de piel y cuánto de calidad de tejido. De ahí sale el plan, y no al revés.
Pasa mucho que alguien llega con la decisión ya tomada después de ver un vídeo. A veces encaja perfectamente. Y otras veces lo que tiene es un grado 1 que se resuelve con bastante menos, o un grado 3 en el que ese tratamiento se va a quedar corto.
Casi nadie viene a consulta diciendo “tengo flacidez”. Vienen diciendo que se ven cansadas, que las fotos no les gustan, que no saben qué les pasa. Ponerle nombre a lo que ves ya es el primer paso para saber qué hacer con ello.
Un abrazo,
Dra. Yasmín Al Adib
Especialista en Medicina Estética · Sevilla






